Diez reglas simples para salir con mi

Para crear una experiencia de usuario sólida, debe asegurarse de que el contenido esté listo y optimizado para esta posibilidad. Aquí hay diez reglas de oro y consideraciones que le permitirán ofrecer a sus usuarios una excelente experiencia en sus teléfonos inteligentes: 1. Los escape room son un juego en el que a un grupo de personas las encierran en algún sitio y tienen que resolver distintos puzzles para poder salir. Con este vídeo aprenderás cómo enfrentarte ... Esa noche es la Gala de los Oscars. Tengo que verla. Es una tradición para mí. Salgo de viaje a otro país / ciudad. (Apaga el GPS para que no te localicen.) 3. La familia: Mi tía acaba de llegar de Japón y se vuelve pronto. Llevo diez años sin verla y quiero estar con ella. Mi hermana y yo estamos haciendo un plan de negocios. Parece tonto, pero para mí es fundamental agradecer tener todas mis extremidades: dos piernas, dos brazos, dos orejas (eso no es una extremidad pero me siguen con la idea), y cuando lo hago, automáticamente siento un alivio y felicidad de que cada cosa está en su lugar y que si quiero puedo salir a correr y ser libre por una hora. 10 reglas para usar la coma de manera correcta. Por: Rodrigo Ayala ... hablar con su jefe y llegar a un acuerdo para que pudiera salir de su trabajo. ... bajista de la banda de rock Black Noise, llegó a México ayer en la noche para ofrecer un par de conciertos con su banda solista. + Mi hermana Vanessa, a quien conociste en la fiesta del año ... La preparación de buenos materiales visuales será el objeto de otras Diez Reglas Simples. La regla 7 lo ayudará a definir el número correcto de imágenes para una presentación particular. Para nosotros una regla básica útil es: si tiene más de una imagen por minuto de charla, usted tiene demasiadas y se pasará de tiempo. Reglas para salir con mi hija Yo soy un hombre razonable, pero hay cosas con las que soy extremadamente estricto, as que en lo que a mis hijas concierne. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus Quisiera saber ms de como educar a mi hijo de tres aos pues es muy revele y a las 7: Termina la tarea as puedes ir ms temprano a la ... A Father's Guide to Raising Daughters: Because I Need One! (Guía de un padre para criar a sus hijas: porque necesito una) 8 Simple Rules for Dating My Teenage Daughter: And Other Tips from a Beleaguered Father (Not That Any of Them Work) (8 reglas simples para salir con mi hija: y otros consejos de un padre protector (puede que ninguno funcione)) Salir con alguien con el mismo signo zodiacal que el tuyo es difícil. Aquí está todo lo que necesitas saber para cuándo te pase esto. ... Diez consejos para estar lista cuando llegue el verano. Segura en la noche: 15 cosas simples que puedes hacer para protegerte de un asalto sexual. Salte de ahí: 15 señales delatoras de que estás en la ... En 8 reglas sencillas para salir con mi hija, el humorista W. Bruce Cameron describe, golpe a golpe y chillido, el proceso de educar adolescentes, una. Apunta las principales normas de seguridad que debes enseñar a tu hijo:. Qué hacer en caso de acoso. A partir de los 6 años ya se detecta abuso de unos niños hacia otros.

La sentencia de la Arandina

2019.12.24 07:14 alforo_ La sentencia de la Arandina

Llevo varios días queriendo escribir sobre la sentencia de la Arandina, pero un asunto personal me tenía absorbido. Ahora ya puedo dedicarle unas líneas al proceso judicial del cual Twitter no deja de hablar. Y de decir tonterías. Porque se pueden decir muchas tonterías cuando uno lee párrafos descontextualizados de una sentencia, o cuando la lee entera sin tener conocimiento suficiente como para interpretarla.
Normalmente, cuando comento sentencias lo hago de forma ordenada, es decir, explico los hechos probados y luego los razonamientos jurídicos. Hoy no lo voy a hacer así. Me limitaré a rebatir, con la sentencia y el Código Penal, las objeciones o barbaridades más comunes que estoy leyendo por ahí. Vamos a ello.
“Es que ella quería”
En España, la edad de consentimiento sexual es de 16 años. Una persona que tenga menos de esa edad no puede consentir de forma válida. Así que, aunque fuera verdad que ella consintió, aunque la chica se hubiera lanzado a sus entrepiernas cual loba hambrienta, ellos tenían el deber (el deber jurídico, no el deber moral) de detenerla. Igual que si una menor de edad entra en mi estanco y me pide un paquete de tabaco o entra en mi bar y me pide una cerveza yo no puedo vendérselos por mucho que sea obvio que los desea. La ley considera que hay que proteger a los menores de edad y por eso impone obligaciones a los particulares. No es tan difícil de entender.
Pero es que, encima, ella no quería. Si hubiera querido, insisto, seguiría siendo delito: abuso sexual a una menor de 16 años, con penetración y actuación conjunta de dos o más personas, nos vamos a una pena de entre 10 y 12 años de prisión (artículo 183 CPE). Como no lo deseaba, el delito es de agresión sexual a una menor de 16 años, con las mismas agravantes, la pena queda entre 13,5 y 15 años de prisión.
“Pero ¿y de dónde salen entonces los 38 años de cárcel?”
Los 38 años son en realidad la suma de tres penas:
14 años como autor de su propia agresión.12 años como cooperador necesario de las agresiones de cada uno de sus dos amigos.
Este criterio, que se lleva usando en violaciones grupales desde hace décadas, es bastante comprensible en realidad. Cuando un grupo de personas agreden sexualmente a una víctima, la oposición de cualquiera de ellas podría detener el delito, bien fuera mediante el enfrentamiento con el resto de actores o bien mediante una llamada a la Policía. No oponerse al resto de agresores, además, coadyuva a la situación de indefensión que vive la víctima. Te convierte, por tanto, en cooperador necesario de todos los delitos que se cometan ahí, aunque tú no toques a la víctima (1).
“Entonces ¿qué fue lo que pasó?”
La sentencia declara probado unos hechos muy simples. La chica contactó a uno de los jugadores de fútbol por Instagram y ambos empezaron a guarrear e incluso se intercambiaron fotos subidas de tono. El jugador se lo dijo a sus dos compañeros de piso, también futbolistas, y los cuatro se mandaron diversos audios de WhatsApp con zorreo, y sin ninguna seriedad. Hasta aquí nada que tenga trascendencia penal.
El día de los hechos (24 de noviembre de 2017), ellos la invitaron a subir a su casa. En un momento dado apagaron las luces y, a pesar de que ella se cruzó de brazos y se quedó paralizada en una esquina del sillón, realizaron actos sexuales con ella (2). Después ella fue al baño y, al salir, uno de los procesados realizó también actos sexuales con ella en su habitación.
“Pero ella ya folló con ellos el día anterior”
En el Hecho Probado 5º se recogen literalmente los WhatsApps y audios que el día anterior mandó uno de los tres procesados a un grupo que tenía con otros colegas. En él, en efecto, presume de que los tres han mantenido contacto sexual con la chica y de que “mañana vuelve”. La chica no ha denunciado estos hechos. La sentencia solo da por probados los WhatsApp, no los hechos relatados en los mismos, y parece que los acusados no han intentado tirar por ahí…
…lo cual es lógico porque, como sabe cualquiera, que yo hoy folle contigo y con tus dos amigos no quiere decir que desee follar contigo y con tus dos amigos mañana. Me da igual si esos WhatsApps son una baladronada o relatan hechos verídicos: lo importante es que el día de los hechos sucedió una violación.
“¿Y lo que dijo ella de que se inventaría cosas para perjudicarlos?”
La sentencia dedica varias páginas del Fundamento Jurídico 3º a tratar el tema de la disparidad de versiones. En el juicio comparecieron diversos testigos de referencia, es decir, los que no presenciaron los hechos sino que supieron de ellos por otra persona. Y resulta que a algunos ella les dijo que había sido voluntario (e incluso alardeó de ello) mientras que a otros les reconoció que no lo había sido. Es esto mismo, por supuesto, lo que afirma en sala.
¿Qué datos usa el tribunal para tomar una decisión sobre el asunto? Principalmente dos. El primero es un informe psicológico que decía que estaba “totalmente influenciada por su las [sic] redes sociales, y la imagen que pretendía mostrar de ella, en Instagram y delante de sus conocidos o compañeros de clase. Así deseaba aparentar mayor edad, y ser considerada como una mujer, adulta y con experiencia sexual”. Más adelante se insiste en la misma idea, al afirmar que la víctima tiene problemas de integración, buscaba la aprobación de las redes sociales y mostraba inmadurez.
En segundo lugar, está el hecho de que, cuando hablaba con su círculo cercano, sí confesaba que no quiso hacer eso. Así, cuando habló con sus hermanas (parece que el propio 25 de noviembre, justo el día después de los hechos) o con su psicopedagoga (el 27 de noviembre), les dijo que no había deseado ni consentido aquello. A partir de ahí fue abriéndose a su familia y a su mejor amiga, a todos los cuales les contó la misma versión.
Así pues, parece que ser que cuando a todos estos conocidos superficiales y compañeros de clase les dijo que había hecho tales y cuales cosas con ellos, que había tenido una orgía (3), que mira con quién he estado y que como se vayan de la lengua “yo lo cuento todo e inventando”, no hay que darle mayor credibilidad. Como dice la sentencia, intentaba situarse como agente en lugar de como víctima. Y, como no dice la sentencia pero añado yo, estaba muy probablemente intentando ponerle nombre a lo que había pasado y además gestionando una crisis de reputación porque estoy seguro de que los cotilleos empezaron a extenderse según ella salió por la puerta del piso donde sucedieron los hechos.
“Solo le hicieron caso a la declaración de ella. ¡Eso no es justo!”
La declaración de la víctima es una prueba. Una prueba. Como todas las pruebas, puede desvirtuar la presunción de inocencia y fundamentar una condena. Y en delitos sexuales, donde no suele haber otra prueba de cargo, es fundamental.
Por ello, hay una serie de requisitos para darla por buena: que no se aprecien móviles espurios contra los denunciados, que la denunciante mantenga esencialmente la misma versión durante todo el proceso (de ese punto ya hemos hablado) y que haya corroboraciones periféricas, es decir, datos que la avalen. Algunas de las corroboraciones periféricas son las cosas que dijo a las personas íntimas en días próximos al suceso y unos moratones en los brazos y la espalda que fueron percibidos por los familiares.
Si hubiera prueba de descargo, a lo mejor no bastaba, pero es que no la hay. Existe un amigo de ellos que afirma que él estaba en la casa y que no vio nada, pero la Sala no cree su testimonio porque se presentó a la Policía mes y medio después de que sus compañeros fueran detenidos. Y están unos supuestos pantallazos de WhatsApp presentados por la novia de uno de ellos, que probarían que el chaval estaba hablando con el móvil con ella en el momento de los hechos, pero la cosa es que el análisis del teléfono de él no dice eso.
“¿De dónde viene la intimidación? Si no la amenazaron”
Intimidación ambiental, el mismo caso que la Manada. Estás rodeada de una serie de personas que te superan en número y complexión física (tres deportistas, nada menos), y además en un contexto que ellos controlan por completo (su piso). Te encoges, te cruzas de brazos y aun así te meten mano. No es necesario que nadie profiera una sola amenaza para que la situación sea intimidante.
“¿Y el segundo acto sexual? ¿El que sucedió en la habitación de uno de los acusados?”
Aquí está el único punto que me chirría de toda la sentencia. Antes he dicho, al resumir los hechos probados, que después de que ella saliera del baño entró en la habitación de uno de ellos y allí se produjo otro acto sexual, solo con él. Pues bien, aquí la sentencia no aprecia que hubiera violencia ni intimidación, por lo que no condena por agresión. En cuanto al posible abuso, absuelve también porque se trataba de un acusado joven (19 años), de madurez similar a la víctima.
Este es el único límite a la regla general según la cual los menores de 16 no pueden consentir: que lo hagan con otra persona de similar edad y madurez, como otro menor de edad o, como aquí, un chico de 19 años. Sin embargo, el problema resulta obvio. ¿Después de ser agredida en el salón tiene relaciones sexuales consentidas con uno de sus agresores en su cuarto? ¿Dónde está el fallo? ¿En las partes al presentar las pruebas, en el tribunal al apreciarla, en el tribunal al razonar jurídicamente…?
Me da la sensación de que aquella noche todo pasó muy rápido y de que quizás lo que ocurrió en el cuarto, como contrapunto a lo ocurrido en el salón, le diera a la víctima (que estaría en un estado de confusión considerable) una sensación completamente distinta. No lo sé. Estoy especulando: ni estaba allí, ni estoy en su cabeza ni he estado en la sala. Pero es la única explicación que se me ocurre a frases como “de lo que pasó con R. no me arrepiento”.
“La Ley de Violencia de Género deja inermes a los hombres”
Qué cosas tiene la manía de hablar sin saber. Esto lo han llegado a decir los propios condenados (“si esto me pasa hace quince años ahora yo estaría jugando al parchís en mi casa”), pero aunque no hubieran abierto la boca es algo que subyace. Y bueno, es mentira. Es posible que la Ley de Violencia de Género, el dinero gastado en publicidad institucional y a nivel social el auge del feminismo hayan aumentado la concienciación sobre estos casos. Pero el hecho es que, a nivel legal, no ha cambiado nada.
Este asunto lo ha instruido un Juzgado de Instrucción, no un Juzgado de Violencia sobre la Mujer. No se ha activado ninguna de las normas penales relativas a la violencia de género, porque estas solo se aplican cuando agresor y víctima son pareja, no cuando son conocidos como en este caso. Las doctrinas empleadas para condenar (la de la cooperación necesaria, la de los requisitos necesarios para que la declaración de la víctima desvirtúe la presunción de inocencia, la de la intimidación ambiental) fueron desarrolladas por el Tribunal Supremo español en las décadas de los ’80 y ’90 o incluso antes, no por ningún malvado legislador adicto al cambio social.
Así que no, si esto hubiera pasado hace quince años –es decir en 2004, antes de la aprobación de la Ley de Violencia de Género– las únicas diferencias habrían sido las tecnológicas (no habrían existido todos esos audios de WhatsApp con la chica ligoteando con ellos o diciendo cosas equívocas), por lo que incluso habría sido peor para los delincuentes. La pena no habría variado un ápice: 38 años por tres violaciones, o un poco más si se hubiera apreciado la agravante de especial vulnerabilidad de la víctima.
Por eso existen unos máximos de cumplimiento, que en este caso (y como bien indica expresamente la sentencia) son de 20 años.
Después estarán otros 10 en libertad vigilada, que es una medida que tampoco me gusta nada, se aplique a quien se aplique: ¿a santo de qué se tiene que vigilar, y encima durante diez años, a una persona que ya ha cumplido con la sociedad? Pero en fin, así igual la derecha aprende que el populismo punitivo, el aumento de penas y la reducción de derechos puede recaer también sobre tres “buenos chicos”, ay, pobres, que no sabían lo que hacían, que les han jodido la vida.
No caerá esa breva, pero uno puede soñar.
http://asihablociceron.blogspot.com/2019/12/la-sentencia-de-la-arandina.html?m=1
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2018.04.23 20:24 DrGenial [Te ELI5eo] La Constitución Nacional - Parte 2

Por si te perdiste la parte 1, link. En la primer parte llegamos hasta el art. 13. En esta entrega, vamos con los artículos 14 a 21.
Art. 14) Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.
Básicamente, todos tenemos derecho a hacer lo que queramos: trabajar, estudiar, comerciar, hacer las peticiones que queramos al Estado, salir y entrar al país, publicar en la prensa lo que queramos sin censura previa, usar nuestra propiedad como queramos, etc.
Ojo, esto es el derecho a que podamos hacerlo y nadie nos lo impida. No significa que el Estado tiene que asegurarnos todas estas situaciones. Simplemente, debe garantizar que las reglas del juego permitan que las personas puedan hacer su vida libremente.
Art. 14 bis) El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.
Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.
El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.
En medio de la Constitución quedó este artículo 14 bis, porque fue un agregado de perón.
Contempla muchas cuestiones que son derechos laborales básicos (como descanso, vacaciones, etc.) que previo a su inclusión en la CN muchas (no sé si todas) ya existían. Simplemente les agregó una nueva capa de protección.
Los derechos incluidos (en un 90%) están muy bien, son necesarios, la protección es bienvenida. El problema en realidad (a mi criterio) está en cómo fue reglamentado todo en la ley laboral (donde están los verdaderos abusos contra los empleadores).
Dicho esto, las cuestiones realmente criticables (a mi entender) del 14 bis son:
  • Participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección: Honestamente, no recuerdo los fundamentos exactos, pero esto nunca fue aceptado en nuestra jurisprudencia, por más que el derecho exista (vagamente recuerdo que esto chocaba con otros derechos protegidos constitucionalmente, y que nunca fue debidamente reglamentado en la ley). Lo que sí puedo decir es que es ridículo que haya sido incluido como un derecho constitucional, cuando el empleado no participa en las pérdidas ni tiene derecho alguno sobre los bienes de su empleador. Ni hablar del derecho al control de producción y colaboración en la dirección. Por suerte este tipo de cuestiones ridículas en contra del derecho a la propiedad privada jamás tuvieron mayor aceptación.
  • Protección contra el despido arbitrario: Como dije en muchos threads, castigar el despedir a alguien sin motivos termina obstaculizando la creación de trabajo, porque tomar un empleado implica un compromiso que solo el empleado puede extinguir sin mayores costos. Y en nuestro derecho, estos costos pueden ser gigantes. Realmente gigantes.
  • Estabilidad del empleado público: Lo que nació como una protección para que cada gobierno que entraba no despida a todos y tome gente propia (lo que es algo positivo) se implementó de forma tal que cada parásito estatal que quiere vivir como ñoqui por el resto de su vida esté enquistado en su escritorio en alguna dependencia estatal viviendo de nuestros impuestos de por vida y haciendo su trabajo de forma espantosa. Protección contra el despido irracional: sí. Impedir expulsar inútiles: no.
Art. 15) En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.
Oficialmente, la esclavitud no existe en Argentina desde hace muchísimo tiempo. En su momento, fue algo importante de consignar en la Constitución porque seguía existiendo en muchos lugares. Es una de las pocas cosas de las que nos podemos enorgullecer.
Art. 16) La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Perdón. Este artíc… ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Vamos de vuelta. Según este artículo, todos deberíamos ser idénticos ante la ley. O sea, no debería haber cargos estatales hereditarios, no deberían tratarte como si fueras un semidios por tener un cargo importante en el Estado, deberían imponer los impuestos de manera equitativa, etc. A man can dream.
Art. 17) La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 4º. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.
Lo que nos (debería) diferenciar de países de cuarta que fueron full comunista: la propiedad es inviolable. Es el derecho a la propiedad privada. Lo que es tuyo, nadie te lo puede quitar salvo que haya una sentencia judicial que lo justifique. No te pueden confiscar bienes por delinquir (ojo, no significa que si robaste algo no lo puedan recuperar, significa que si te condenan por homicidio, por ejemplo, la condena no puede además incluir que te despojen de tus bienes).
Para expropiar un bien por causas de utilidad pública (como sucede con inmuebles cuando van a construir una autopista), se puede hacer pero primero debe decidirse mediante ley, y hay que indemnizar al propietario, por un precio justo.
Art. 18) Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.
Este artículo es de corte netamente penal. Tiene muchas garantías fundamentales:
  • Para ser condenado por un delito, la ley que tipifica el delito debe ser previa a la acción. Si mañana algo se convierte en delito, no pueden condenar por esa ley a los que hicieron determinada acción hoy.
  • Los jueces que condenan a uno deben ser los que le eran atribuibles al momento de cometer el delito, no se puede crear un órgano especial para juzgar a alguien.
  • Uno no puede ser obligado a declarar contra si mismo. Por eso el imputado puede mentir para defenderse.
  • El arresto mediante orden escrita, no significa que si te encuentran delinquiendo no pueden arrestarte. Pero no pueden mantenerte detenido sin orden emitida por autoridad competente.
  • Como dice la ley, es inviolable el derecho a defenderse en juicio. El domicilio, los documentos personales, etc., solo pueden ser allanados mediante orden judicial fundada.
  • No se puede torturar y no habrá pena de muerte. Y aún si lo quitásemos de la Constitución, no podríamos ponerlo por los tratados internacionales que suscribimos.
  • Como el artículo venía muy serio, remataron con un chiste sobre que las cárceles no serán para castigo, sino para rehabilitación.
Art. 19) Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.
Posiblemente uno de los artículos más bastardeados de la CN. En Argentina solemos tener la mentalidad de “no puedo hacer X si la ley no me lo permite”. En realidad es exactamente al revés: mientras la ley no lo prohíba, todo está permitido. Y sin obligación legal de hacer algo, nadie puede obligarte a hacerlo. Es difícil explayarse mucho más porque el núcleo del artículo es simplemente eso, y sin embargo la importancia de este artículo es fundamental, porque justamente la otra posición (todo está prohibido salvo lo permitido) es lo que caracteriza a los regímenes totalitarios.
Art. 20) Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la República.
Simple como la primer frase: para nuestra Constitución, un extranjero tiene los mismos derechos civiles de todo ciudadano argentino. INBF: “ah, pero no pueden votar”. No, claro, ese es un derecho político. Si bien el derecho a no pagar contribuciones forzosas extraordinarias no es especialmente específico (pudiendo asumirse que es una protección simplemente a que no les cobren impuestos adicionales o cosas por el estilo), por la letra de este artículo se puede interpretar que todas esas situaciones con precios diferenciados para extranjeros no debieran existir. Pero, nuevamente, lo importante es lo primero: igualdad de derechos entre extranjeros y locales.
Queda como margen debatible si este derecho constitucional puede ser reglamentado de forma tal que los extranjeros tengan los mismos derechos pero con algunas condiciones (que no limiten tanto como para que obstruyan el derecho a ejercer tal derecho). Por ejemplo, en el caso del derecho a la salud, que no se les niegue el derecho a atenderse, pero que si no son locales se les pueda exigir el pago de los servicios. Un fundamentalista podría decir que el derecho a la sauld no se encuentra impedido por esto, y que el pago de las prestaciones es un límite razonable. Son posturas discutibles.
Art. 21) Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria y de esta Constitución, conforme a las leyes que al efecto dicte el Congreso y a los decretos del Ejecutivo nacional. Los ciudadanos por naturalización son libres de prestar o no este servicio por el término de diez años contados desde el día en que obtengan su carta de ciudadanía.
Este articulo no tiene nada que ver con la Constitución de USA. La obligación de armarse en defensa de la patria significa que si mañana hubiera una guerra, podrían obligarnos a enlistarnos. No contempla el derecho a armarse dentro del territorio (al menos según la interpretación unánime que tuvo en nuestro país).
Nos vemos nuevamente en la tercer parte de esta saga, pronto.
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2018.02.07 00:36 Ankyatne [Nate 1] Las pruebas

DISCLAIMER: Esto lo escribí hace mucho, y es mi primer intento, be kind.
¿Nervioso yo? Joder, claro que estaba nervioso, era por fin mi oportunidad de demostrar mi valía a mi familia, a mi padre, y a mi hermano, que seguramente estaría combatiendo en la frontera con el Sur. Los nervios se me salían por las orejas cuando salió mi nombre.
-Nate Tyri.
El momento había llegado, y no desperdiciaría ni un ápice. Me levanté y caminé hasta situarme enfrente del profesor.
-Primero, las preguntas- Me dijo desafiante, se debía de creer dios.
-¿Has tenido alguna vez contacto con la magia directamente?
-Si, varias peleas.
-¿Has hecho magia alguna vez?
-Si.
-¿Te han Asimilado alguna vez?
-No.
¿Que tipo de pregunta era esa? ¿Para que querría nadie asimilar a un chaval como yo?
-¿Parientes magos?
-Si, toda mi familia.
Seguía con esa mirada de superioridad en la cara, mirándome, casi hasta me sentía observado en el alma.
-¿Sabes qué es la Asimilación?
-Aplicar magia a una persona, es peligroso para los que no la usan, pero permite potenciar a un mago, sobre todo físicamente.
Una definición digna de un diccionario, si se me permite añadir. No tendría que haberme extendido tanto, puesto que me miró con una de esas miradas que dicen “No te pienso quitar el ojo de encima, chulito” y no me gusta sentirme observado.
-Muy bien, veo que tus padres te instruyeron. Ve al escenario.
Me moví a un paso bastante acelerado, los nervios supongo, esperaba controlarme. Una vez estuve en el escenario, una simple tarima de madera en medio del patio, me concentré.
-Terra, demuestra lo que sabes.
Bien, paso a paso, adelante. Concentré mi energía en las manos, levantándolas e intentando sentir dos montones de arena convenientemente colocados para la demostración, hasta que logré sentir su peso, las malditas pesaban, pero pude con ellas. Las levante y las intercambié de posicion, seguro que eso bastaria para dar buena impresion.
-Basta, suficiente. Elige ahora, Ventus o Aqua, lo que quieras.
Nunca me gustó el agua, aunque era buen nadador, no la manejo bien con la magia, mi decisión resultó muy fácil. Me liberé de la carga de arena y procedí a poner mi mano derecha como una espada mientras que con la izquierda acumulaba aire. Una valla de madera de roble se alzaba a varios pasos de mí, mi objetivo. Cuando estuve a gusto, lancé mi mano derecha al corte. Una sacudida de aire golpeó la valla y la estremeció, astillándola en varios puntos y partiendo una de las tablas verticales, uno de los mejores golpes que he conseguido.
-No está mal Fhylliee, con esto bastará por hoy, mañana proseguirás con las segundas Pruebas.
Me retiré de la tarima y me senté en el banco con los demás, quedaban aun 30, y aun pudiendo marcharme, me quedé, estaba exhausto, mi magia era aun muy joven…
Pt.2
-Nate Tyri, Mei Oberón.
De nuevo mi nombre se alzaba al aire, así como yo al oírlo me alcé de mi silla. Era el segundo día y yo era el primero en salir, seguro que había quedado de entre los mejores del primer día de pruebas, y he de suponer que el otro chico también.
-¡Presente!- Dijo el otro chico al escuchar su nombre mientras se levantaba, obteniendo como respuesta un simple levantamiento de ceja por parte del profesor que nos llamaba.
El tal Mei era un chico un poco más bajo que yo, diría que sobre el metro cuarenta de altura, y parecia tener también un año menos que yo. Rubio, de apariencia fina, seguramente de una buena familia de magos, espero que no de las de “alta sociedad”, no me cae bien ninguno que conozco.
Misma tarima de madera, pero esta vez sin obstáculo alguno en ella, tan solo nosotros dos.
-Como primera pareja del día, os explicaré las normas del duelo, así que es mejor que todos prestéis atención- Dijo el profesor, haciendo especial énfasis en la última parte mientras miraba de reojo a un grupito de 9 años jugando con magia Terra. -Sólo hay tres reglas esenciales, la primera: si uno de los contendientes dice “basta”, se para el duelo y gana el contrario; la segunda: se gana el duelo a mi juicio, en dos turnos de ataque-defensa, esto es, un ataque y una defensa por cuenta de cada uno; la tercera y última: Fulmen e Ignis son magias prohibidas en este duelo, solo podréis hacer uso de Terra, Ventus y Aqua, de la manera en que queráis.
Asentimos los dos a la vez y capté una mirada que me analizaba proveniente de mi oponente, parecía frío y calculador en esa situación.
-El comienzo lo dará el menor de edad, que el mayor responda consecuentemente.
Ah, esa me la sabía, si un menor de edad en estos duelos te “atacaba” con una simple demostración de magia, tu ataque en el siguiente turno ha de ser también demostrativo de tus poderes, con las defensas siendo el intento de desbaratar la magia del contrario.
A pesar de que la distancia que nos separaba era decente, unos diez metros, el ataqué de Mei fue rápido, y consistió en una masa de tierra muy mojada, y por lo tanto muy pesada, que me haría un daño considerable dado el caso de que me golpeara. ¿Cómo la había invocado tan rápido? Debe de haberla comenzado en la explicación del duelo, muy listo. Recurrí a Ventus, imitando la situación del día anterior y utilicé mi espada de viento contra la masa de Terra y Aqua de Mei, la cual se partió en cuatro trozos que quedaron apenas a veinte centímetros de mis pies, una respuesta impecable aunque ajustada.
-Mi turno- murmuré.
Yo ya tenía preparado algún truco desde el día anterior, y recurrí a uno bastante ingenioso, Aqua y Ventus. Reutilicé todo el agua que quedaba en la tierra de Mei e invoqué más con las manos, mientras que concentraba mi energía en crear una corriente de aire lo suficientemente rápida para que el agua resultase salir con una fuerza aplastante. Cuando la solté, el agua se precipitó sobre mi contrincante, el cual reaccionó cubriéndose con una armadura, o un intento de ella, de magia Terra. El golpe lo lanzó un par de metros hacia atrás antes de golpearse contra el suelo.
Mei se levantó como pudo, su armadura había resistido el impacto a medias, la parte que sería el peto no estaba, la habia destrozado la fuerza del impacto. El profesor levantó la mano en señal de parada.
-Nate Tyri.
La señal, al fin. Había pasado las pruebas a la primera.
-Mei Oberón, ven mañana a las terceras pruebas.
Aún en mi regocijo, no pude evitar sentir una mirada de odio que venía desde doce metros de distancia.
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2017.08.15 07:49 Subversivos .........Y mato porque me toca.

El relato del crimen que transportó a este país hacia las regiones mentales más frías de los asesinos anglosajones en serie comienza cuatro años antes del 30 de abril de 1994, noche en la que un estudiante de tercero de Químicas, de 22 años, y otro de tercero de B.U.P., de 17, eliminan a un hombre con 20 puñaladas porque lo exigía el guion del juego que ellos mismos inventaron.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS ... Y mato porque me toca Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
Cuatro años antes de aquella madrugada, en un campo de fútbol del barrio madrileño de Chamartín, Félix Martínez, un niño de oc­tavo de E.G.B., se embelesa con los gritos desde la grada de un chaval cinco años mayor, ojos azules detrás de gafas gruesas, metro noventa sobre el nivel del suelo, moreno y desgarbado en el andar. Félix se le acerca creyendo que declama nombres de personajes del juego del rol, el invento que surgió a finales de los sesenta en Estados Uni­dos y conquistó en forma de negocio las papelerías españolas en la década de los noventa. Varias fichas, un tablero, una historia inven­tada y unos roles, interpretaciones o arquetipos que se adjudica a ca­da participante. Inteligencia, fantasía y tiempo libre para probarlas. Ordena y manda la figura del rol master.
A Félix no le gustaba ningún deporte, ni siquiera le apasionaba el cine, ni las chicas –su primera relación amorosa la tendría dos años después–, ni las motos, ni la ropa, ni los estudios. Tan sólo leer, a ser posible historias paranormales, escribir poemas y jugar al rol.
Félix se iba a llevar una sorpresa. Allí tenía un posible compañe­ro de Rol gritando aparentemente nombres de personajes. ¿A qué es­peraba para conocerlo? El chico de E.G.B. aborda por fin al miope de ojos azules y le pregunta si también sabe jugar al rol. Dos trage­dias se dieron la mano.
MÁS INFORMACIÓN ... Y mato porque me toca Todo lo publicado en El País sobre el caso 2008: Javier Rosado, el asesino del rol obtiene el tercer grádo 1999: Félix Martínez se rehabilita en un piso de estudiantes La de Félix, fácil de resumir: nunca tuvo hermanos, su padre ge­nético murió drogadicto y enfermo de sida cuando el niño cumplía un año, la madre mexicana, también drogadicta, conoció a su padre adoptivo cuando el chaval cursaba segundo de E.G.B. y se separaría cuatro años más tarde. Félix conocería entonces el cariño incondi­cional del nuevo padre y el desbarajuste colegial de todos los maes­tros por los que iba pasando, ya fueran de Madrid, Ibiza o La Rio­ja, según adjudicaran su estancia al lado de la madre o del padre. «Nunca hubo paz, eso no era una familia», confesaría el chico. La madre muere también de sida dos años antes del crimen y dos años después del encuentro con Javier en el campo de fútbol.
Félix, un carácter inseguro, nunca líder ni siquiera de sí mismo, lector empedernido, conoce en aquel campo a otro lector más empe­dernido, un fulano con una seguridad en sí mismo extraordinaria, alguien con frases del tipo «las mejores drogas están en la cabeza de uno», solitario, bien educado, taciturno y didáctico: Javier Rosado Calvo, vecino de Félix en una calle de Chamartín donde los pisos de cien metros cuadrados cuestan hasta 30 millones de pesetas de los años noventa. El del padre adoptivo de Félix, empleado en una empresa de máquinas tra­gaperras, era tan sólo alquilado.
Javier gritaba en las gradas varios nombres pero, para sorpresa del chiquillo, aquel tipo encorvado no sabía jugar al Rol. El chasco duró sólo un segundo, porque las palabras del otro llevaban un significado aún más atractivo y profundo que el del simple juego: eran nombres, pasajes, del gran novelista de literatura fantástica H. P. Lovecraft, el genio de principios de siglo cuyos relatos de tumbas, castillos temblorosos, sueños, monstruos y nieblas llegan cargados de frases tipo: «Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles senti­dos físicos [...]». H. P. Lovecraft, la pasión confesa de Javier.
«Desde que conocí a Javier y me metió en su mundo», reconoció Félix en sus exploraciones psiquiátricas y psicológicas a raíz del cri­men, «todo cambió para mí, encontré otro tipo de pensamientos le­jos de los vulgares de cada día, cambió mi interior, me entregué a es­te tipo de filosofía que era apasionante, aún me sigue pareciendo apasionante, Javier se convirtió para mí en un ser extraordinario muy superior al hermano mayor que nunca tuve, me dejé arrastrar por él [...]. Al cabo de un tiempo llegué a hablar como él y a hacer gestos como él. Él hablaba mucho mejor que yo, mis ideas me las re­batía con facilidad [...]. Todo el mundo era estúpido para él, pero yo creo que yo para él no era estúpido».
Y Javier, la otra cara de la tragedia, encontró en Félix el público de banderita y trompeta que necesitaba su egolatría, el hermano pe­queño que tampoco tuvo, porque su único hermano, un año mayor, más fuerte, vencedor en las disputas físicas, apenas se trataba con Javier. Félix sería el discípulo predilecto de una filosofía alimentada con cuatro obras de Friedrich Nietzsche, Edgar Allan Poe o Stephen King mal mezcladas y otras tantas decenas seudoliterarias, peor di­geridas.
Durante una convalecencia por lesión en una pierna, Félix le lle­va un juego del rol y Javier aprende a jugar. Al poco tiempo el en­fermo crea Razas, un juego basado en el rol. La humanidad se di­vide en 39 razas o arquetipos que él ha inventariado basándose en personajes y nombres novelescos prestados por Lovecraft. Las razas, diría Javier, son ideas humanas llevadas al extremo. La raza 37 corresponde a los psicólogos, la 25 a las mujeres, la 22 al hombre, la 1 al bien y la 7 al mal. Cuando los psiquiatras le preguntan si jugaba al Rol, hay veces en que Javier llega a enojarse y dice que su juego era mucho más importante que el rol; era Su Obra, una «filosofía total» a la que había dedicado más de mil páginas y de la que espe­raba escribir un libro.
Hasta la noche del crimen, Javier pasa por un tipo normal, sin traumas perceptibles ni siquiera por su familia. Su padre, ingeniero industrial, solía jugar al ajedrez con él, su madre, enfermera, le sa­naba las heridas, y su hermano, compañero repetidor en tercero de Químicas, aseguraba que a Javier le bastaba con asistir a clase para aprobar.
Javier no era un joven de inteligencia superdotada, en eso coinci­den profesores y psiquiatras, pero disponía de la justa para creerse con mucha, para ganar un concurso de ajedrez en la cárcel y no disimular el orgullo o para impresionar a cuatro chavales del barrio menores que él. En los dos primeros cursos de Químicas consiguió seis aprobados, dos notables y un sobresaliente. Un expediente bueno, sin más.
Personalidad, conocimientos y edad suficiente, en cualquier caso, para erigirse en Master, líder de la banda del rol, que entre bromas y veras planeó matar la madrugada del 30 de abril a la primera víctima de lo que iba a ser una serie de crímenes. Los otros dos chava­les, Javier Hugo E. S. y Jacobo P., de 17 y 18 años respectivamente, fueron encausados por conspiración para el asesinato. A Jacobo le preguntó la policía por las normas de Razas y contestó que no había normas concretas como en el fútbol: «Se trata de sobrevivir en un mundo imaginario». Unas veces había que impedir la llegada a puerto de un barco, otras, era preciso destruir una ciudad y en al­gunas ocasiones se trataba de asesinar a alguna mujer que traicionó a su raza. Todo sobre la mesa.
Jacobo declaró que cuando Javier y Félix le llevaron al descampado donde habían eliminado a un hombre y se lo confesaron, él lo tomó como una fantasmada. Javier y Félix se vanagloriaban de aquello y lo equipararon al crimen de las setenta puñaladas, perpe­trado cerca de su barrio.
Empieza el juego
Un mes antes de la noche del 30 de abril, El País publicaba el hallazgo del cadáver de un hombre con unas setenta puñaladas y los ojos sacados. La noticia no causó otro efecto en los presuntos asesi­nos que el de animarles. A partir de ahora el tablero iba a adquirir la forma de toda la ciudad, con sus cuestas, sus descampados tene­brosos, sus personajes hundiéndose en la noche; las fichas serían pu­ñales y para moverlas vendría mejor usar guantes de látex que Ja­vier tomaría de sus clases de prácticas en la facultad; las reglas, sin límite.
Félix contó a los psiquiatras: "Yo creo que todo empezó a pla­nearlo [Javier] con decisión a raíz de un libro concreto de Lovecraft: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, y en especial el capí­tulo "A través de la llave de plata", pasaje en el que un hombre se cansó del mundo y empezó a dedicarse a sus sueños hasta que al fi­nal estos sueños invadieron su propia realidad».
Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. La realidad invadida puede ser la de un hombre casado como Carlos Moreno, con tres hijos y amigo de una viuda también con tres hijos, con la que había pasado la noche. Carlos visitaba desde hacía cinco años la casa de su amiga Modesta L., de 51 años, desde las diez hasta la una de la madrugada. Nunca pensó en separarse, ni Mo­desta se lo pidió, ni su mujer ni sus hijos, conscientes de la relación, lo obligaron. Los viernes Carlos salía más tarde de aquella casa y aquel viernes de abril salió a las tres. Si cobraba su nómina de 60.000 pesetas, montaba en taxi hasta la otra punta de la ciudad. Y si no, el búho, que es como se conoce en Madrid a la línea de autobuses nocturnos. La noche del crimen Carlos llevaba las 60.000 pe­setas en el bolsillo, pero optó por el autobús. Y en la parada encon­tró a los admiradores de Lovecraft dispuestos a soñar sus pesadillas.
El crimen perfecto exigía, según Henry, el psicópata de la pelícu­la Retrato de un asesino, un desconocimiento total de la víctima, ningún móvil, nada. Ya lo habían avanzado la novelista Patricia Highsmith y el director Alfred Hitchcock en Extraños en un tren: si un desconocido mata a mi esposa y yo a su madre, nadie ha de sos­pechar nada; en principio.
Así que ahí llegan los dos, Javier y Félix, en busca de una vícti­ma a la que nunca han visto. El escenario no podía ser más propi­cio. Un descampado de risco y pastizal, una casa desvencijada en medio de un llano, de esas que parecen existir sólo en días de vien­to, una luna de miedo y una parada de autobús, como un oasis sin nadie.
Para acercarse a los hechos valga el diario de Javier Rosado, un texto sin precedentes en la historia criminal de España:
«Salimos a la 1.30. Habíamos estado afilando cuchillos, preparán­donos los guantes y cambiándonos. Elegimos el lugar con precisión.»
«Yo memoricé el nombre de varias calles por si teníamos que sa­lir corriendo y en la huida teníamos que separarnos. Quedamos en que yo me abalanzaría por detrás mientras él [por Félix] le debilita­ba con el cuchillo de grandes dimensiones. Se suponía que yo era quien debía cortarle el cuello. Yo sería quien matara a la primera víctima. Era preferible atrapar a una mujer, joven y bonita (aunque esto último no era imprescindible pero sí saludable), a un viejo o a un niño. Llegamos al parque en que se debía cometer el crimen, no había absolutamente nadie. Sólo pasaron tres chicos, me pareció de­masiado peligroso empezar por ellos [...]. En la parada de autobús vimos a un hombre sentado. Era una víctima casi perfecta. Tenía ca­ra de idiota, apariencia feliz y unas orejas tapadas por un walkman.»
«Pero era un tío. Nos sentamos junto a él. Aquí la historia se tornó ca­si irreal. El tío comenzó a hablar con nosotros alegremente. Nos con­tó su vida. Nosotros le respondimos con paridas de andar por casa. Mi compañero me miró interrogativamente, pero yo me negué a ma­tarle.»
Félix no supo explicar después por qué Javier le perdonó la vida. Y el otro nunca lo contó.
«Llegó un búho y el tío se fue en él [...].»
«Una viejecita que salió a sacar la basura se nos escapó por un minuto, y dos parejitas de novios (¡maldita manía de acompañar a las mujeres a sus casas!).»
«Serían las cuatro y cuarto, a esa hora se abría la veda de los hombres [...]. Vi a un tío andar hacia la parada de autobuses. Era gordito y mayor, con cara de tonto. Se sentó en la parada.»
« [...] La víctima llevaba zapatos cutres y unos calcetines ridícu­los. Era gordito, rechoncho, con una cara de alucinado que apetecía golpeada, y una papeleta imaginaria que decía: "Quiero morir". Si hubiese sido a la 1.30 no le habría pasado nada, pero ¡así es la vida!»
«Nos plantamos ante él, sacamos los cuchillos. Él se asustó mirando el impresionante cuchillo de mi compañero. Mi compañero le mira­ba y de vez en cuando le sonreía (je, je, je).»
Félix alegó dos meses después ante la policía que se encontraba algo bebido y que le daba miedo desobedecer a su amigo.
«Le dijimos que le íbamos a registrar. ¿Le importa poner las ma­nos en la espalda?, le dije yo. Él dudó, pero mi compañero le cogió las manos y se las puso atrás. Yo comencé a enfadarme porque no le podía ver bien el cuello.»
«Me agaché para cachearle en una pésima actuación de chorizo vulgar. Entonces le dije que levantara la cabeza, lo hizo y le clavé el cuchillo en el cuello. Emitió un sonido estrangulado. Nos llamó hi­jos de puta. Yo vi que sólo le había abierto una brecha. Mi compañero ya había empezado a debilitarle el abdomen a puñaladas, pero ninguna era realmente importante. Yo tampoco acertaba a darle una buena puñalada en el cuello. Empezó a decir "no, no" una y otra vez. Me apartó de un empujón y empezó a correr. Yo corrí tras él y pude agarrarle. Le cogí por detrás e intenté seguir degollándole. Oí el desgarro de uno de mis guantes. Seguimos forcejeando y rodamos. "Tíralo al terraplén, hacia el parque, detrás de la parada de auto­bús. Allí podríamos matarle a gusto", dijo mi compañero. Al oír es­to, la presa se debatió con mucha más fuerza. Yo caí por el terraplén, quedé medio atontado por el golpe, pero mi compañero ya había ba­jado al terraplén y le seguía dando puñaladas. Le cogí por detrás pa­ra inmovilizarle y así mi compañero podía darle más puñaladas. Así lo hice. La presa redobló sus esfuerzos. Chilló un poquito más: "Jo­putas, no, no, no me matéis".»
«Ya comenzaba a molestarme el hecho de que ni moría ni se de­bilitaba, lo que me cabreaba bastante [...]. Mi compañero ya se ha­bía cansado de apuñalarle al azar [...].»
«Se me ocurrió una idea espantosa que jamás volveré a hacer y que saqué de la película Hellraiser. Cuando los cenobitas de la pelí­cula deseaban que alguien no gritara le metían los dedos en la boca. Gloriosa idea para ellos, pero qué pena, porque me mordió el pulgar. Cuando me mordió (tengo la cicatriz) le metí el dedo en el ojo [...].»
«Seguía vivo, sangraba por todos los sitios. Aquello no me impor­tó lo más mínimo. Es espantoso lo que tarda en morir un idiota [...].»
Carlos Moreno Fernández fue un idiota que trabajó desde los ocho años como aprendiz de relojero, un obrero que con el oficio más que aprendido se quedó en paro desde hacía nueve años y padeció de nervios hasta que su esposa lo colocó en la empresa de limpieza El Impecable Ibérico, probablemente un nombre estúpido también; Carlos Moreno Fernández fue un idiota que no consintió jamás la entrada de un fontanero, un albañil o un electricista en casa porque él solo se bastaba para arreglarlo todo, un hombre idiota que a fuer­za de trabajo había conseguido dinero para educar a sus tres hijos, que sabía cocinar y le encantaba cuidar flores, un hombre que huía de los televisivos «Quién sabe dónde», «Su media naranja» y «Códi­go Uno», porque le parecían «programas para marujas». Un hom­bre. Con sus aspiraciones a corto y largo plazo, sus pequeños y gran­des recuerdos, reducidos a un charco y un bulto entre las piedras.
«Vi una porquería blanquecina saliendo del abdomen y me dije: “Cómo me paso” [...].»
«A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano [...]»
«No salió información en los noticiarios, pero sí en la prensa, El País, concretamente. Decía que le habían dado seis puñaladas entre el cuello y el estómago (je, je, je). Decía también que era el segundo cadáver que se encontraba en la zona y que [el otro] tenía 70 puña­ladas (¡qué bestia es la gente!) [...]»
«¡Pobre hombre!, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que buscábamos adolescentes y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo que hay un 30% de posibilida­des de que la policía me atrape. Si no es así, la próxima vez le toca­rá a una chica y lo haremos mucho mejor.»
Como no había nada que lamentar, sino todo lo contrario, la ha­zaña corrió de boca en boca entre la banda del rol. Así hasta que se enteró un amigo de ellos que se lo contó en confesión a un cura, des­pués al padre, y el padre lo puso en conocimiento de la policía.
Batallones de periodistas y psiquiatras comenzaron sus investiga­ciones. Nunca hasta este entonces se había dado en España un caso semejante.
Pascual Duarte, el genuino personaje de Camilo José Cela, co­menzó sus fecharías porque pensó que la perra le miraba mal. De un tiro la mató.
El ejecutivo rico, vacío y psicópata que protagoniza la novela del estadounidense Bret Easton Ellis narra con algunos años de antela­ción a Javier y con parecida frialdad su asesinato del mendigo: «Luego le corto el globo ocular... y él empieza a gritar cuando le cor­to la nariz en dos, lo que hace que la sangre me salpique un poco». El ejecutivo producto de la ficción contaba con el móvil filosófico de que los perdedores no cuentan en esta vida. El existencialista de El extranjero que inmortalizó Albert Camus en 1942 mató porque le atormentaba el calor, el resplandor insoportable del mar. A Javier y a Félix sólo les movió el juego.
Siete meses después del crimen, Félix Martínez, el compañero del autor del diario, declaró al psiquiatra José Cabreira, del Instituto Na­cional de Toxicología: «Después de leer todos los artículos de prensa que han hablado de nosotros, todo me parece basura periodística exagerada para distraer a la opinión pública de otras cosas más im­portantes. En particular se ha exagerado con el diario de Javier, en el que yo sé que lo que escribió estaba muy exagerado y fantaseado, es­cribió lo que él cree que pasó y en él es donde me inculpa. Además lo escribió muy deprisa, en dos o tres días, enseñándoselo luego a ami­gos comunes».
Javier también culpa a la prensa de su situación. Ninguno de los dos amigos ha hablado con rencor del otro. «Le llegué a idealizar», confesó Félix, «ése fue mi error y otro error, dejarme llevar demasiado». Para después añadir sin reparos: «Me dejé engañar, era cons­ciente de que me dejaba llevar, pero siempre aprendía algo».
Un monstruo
Félix sigue teniendo la impresión de que su amigo era un su­perdotado: «Javier es casi un inútil, alérgico, miope, con diarreas... Tiene de todo, incluso un estómago que es un caso único... Sin embargo en la parte mental es un monstruo... ».
Con un monstruo así era imposible que la policía los descubriese.
La banda confiaba en el Master, aunque no sabían que habían deja­do intactas las 60.000 pesetas en la chaqueta del idiota, con lo cual, la policía empezó a descartar el móvil del robo.
Nada más asesinarlo, Javier dedicó una ficha a Carlos con el nombre de Benito, el mismo que un profesor de Químicas. Lo dibu­jó con su bigote, con la bolsa donde guardaba su mono de trabajo, y puntuó sus cualidades: Fuerza 8, Poder 6, Carisma 4, Inteligencia 6, Tamaño 15, Voluntad 16.
Había que proseguir rellenando fichas, más cadáveres sobre la tumba del tablero, homicidios en serie, con la perseverancia de Jack el Destripador o sus secuaces anglosajones. Cuando fueron detenidos se disponían a salir de nuevo de cacería con los guantes de látex. Pe­ro a sus espaldas olvidaron una cosecha de pruebas. Restos de guan­tes en la cara del idiota, el reloj de Félix perdido en la pelea, el diario, el famoso diario en casa. Cuando la policía detuvo a Javier aún lleva­ba el dedo vendado que aseguró en el diario haberse herido al meter­lo en la boca del idiota. Se encaminaba a la casa de Félix, a veinte me­tros de la suya, con un paquete de guantes en la mano. Félix se derrotó enseguida, lo que en lenguaje policial significa ni más ni me­nos que reconoció todo. Entre sollozos declaró que el plan consistía en matar esa noche tórrida del 5 de junio a una chica y para eso los guantes. Pero Javier no se arredró ni por los agentes de la brigada de la Policía Judicial de Madrid, ni por las pruebas que le colocaban de­lante de su considerable nariz, ni por la lectura en vivo del diario.
–¡Dios mío, no puedo creer que yo haya hecho eso! Tengo la du­da de que sea verdad o ficticio.
–Si a las cuatro de la mañana –le preguntaba el policía– no esta­bas dando 20 puñaladas a un hombre, ¿qué hacías?
–Creo que estaba jugando al ordenador, no recuerdo bien. Después de los agentes llegó el batallón de psiquiatras a la cárcel.
Cada uno con sus entrevistas, con parecidas preguntas y distintas conclusiones. Si estaban locos, ningún crimen podría imputárseles; y si no, la condena sería por homicidio. Psicóticos o psicópatas, ése era el dilema.
Los psicóticos no son responsables de sus actos, los psicópatas, sí.
Los primeros se libran de cualquier condena, los segundos no. En el psicótico no existe conciencia del yo, en el otro, sí.
Los padres de Javier Rosado contrataron los servicios del profe­sor de Psiquiatría Forense de la Universidad Complutense de Ma­drid José Antonio García Andrade. El doctor se quedó extrañado de que su cliente declarase un cariño enorme por su padre, al tiempo que desconocía su edad y profesión. De la madre decía que trabaja­ba de ATS porque de vez en cuando le sanaba alguna herida.
Le confesó a García Andrade que de entre las razas, la que más le ha influido, la que más se asemeja a su persona es Cal, a quien de­finió como «un niño frágil, a veces una mujer rubia, que emana tal sufrimiento que es difícil acercarse a ella, aunque es peor cuando sonríe o tiene la cara machacada». Y aseguró: «Sin Cal yo no sería lo que soy. Con él aprendí a aprender. Lo conocí en 1988; Cal es do­lor; el bendito sufrimiento; ama los cuchillos, los objetos punzantes o cualquier cosa que pueda producir dolor, aunque lo que más le fas­cina es el dolor del alma».
De Cal aprendió Javier su simple teoría sobre la vida: «Aprender a usar el dolor es disfrutado como el placer. El dolor de los puntos de sutura que me dieron en la rodilla cuando tuve un accidente es mayor que el orgasmo con una mujer. El dolor es mejor que el pla­cer y más barato. La gente confunde al cenobita con el masoquista, pero no son lo mismo; éste disfruta siendo humillado y al someter­se, pero el cenobita disfruta al sufrir, porque con el dolor saca conocimiento. Cal dice que cometió el crimen del que se me acusa. Lo ha­ce para dañarme, para enseñarme, para causarme pena, desespera­ción, pero Cal no mata, sólo tortura».
¿Loco o actor? El 8 de octubre de 1994 le reveló a García Andra­de que el primer golpe a la víctima fue con un cuchillo pequeño de conchas naranjas. Le dio en el mentón y en la cara anterior del cue­llo y señaló el movimiento de su víctima bajando la cabeza hacia el tórax. García Andrade le hizo ver que este dato no venía en los pe­riódicos. Javier sintió miedo por primera vez, al menos, eso es lo que el forense contratado por su familia reseñó. «Estoy al borde de la lo­cura, necesito ayuda», cuenta el psiquiatra que dijo Javier, «es ver­dad, esto no venía en la prensa. Hay veces en que yo no miro, no veo, no siento, no huelo, no me fijo, no es una mente, es una máquina, tienes que hacer una cosa y la haces. Eso ocurrió».
En ese momento de la entrevista solicitó que se le sometiese al Suero de la Verdad, y se sumergió, según Andrade, en una gran an­gustia.
¿Loco o actor? Para el psiquiatra contratado por su familia, Ja­vier está loco, por tanto no se le podría imputar delito alguno. García Andrade sostiene que este chico de «inteligencia de tipo medio, con buena capacidad de abstracción y de síntesis» padece una «es­quizofrenia paranoide, además de personalidad múltiple psicótica y amnesia disociativa». Psicótico pues, sin lugar a la condena, además de esquizofrénico y con problemas de memoria.
Para el doctor, el juego no fue la causa de sus enfermedades, si­no precisamente la máscara. Dos años después del crimen, Javier se­guía jugando a Razas en la cárcel.
Pero el dictamen de García Andrade no era más, ni menos, que un estudio de parte, es decir, algo que había que contrastar necesa­riamente con otros estudios.
La titular del juzgado de instrucción número cinco de Madrid encargó otro informe a las psicólogas adscritas a la clínica médico-forense de Madrid Blanca Vázquez y Susana Esteban.
Cuando Javier les empieza a hablar de su perro Atila dice: «El pe­rro es una magnífica persona, cuando lea la prensa ya sabrá él a lo que me refiero».
Javier se declara ratón de bibliotecas, con más de 3.000 volúme­nes en su casa, y las psicólogas corroboran que el preso cuenta con cierto bagaje de cultura fantástica, pero no sabe quién es Martin Luther King, por no hablar de temas corrientes como ecología o Ter­cer Mundo, de los cuales asegura desconocer todo.
El dilema
¿Loco o actor? El informe de las psicólogas lo califica de psicópata pero... «este diagnóstico implica un trastorno de personalidad que no afecta en absoluto a su capacidad de entender y obrar [...]. El sujeto sabe lo que quiere hacer y quiere hacerlo cuando lo hace». Por tanto, susceptible de condena.
El informe de las psicólogas es bastante más duro que el del psi­quiatra contratado por la familia. Para ellas, Javier Rosado jamás se ha creído ser una de sus razas, sino que las conoce y controla a su voluntad y siempre desde una perspectiva de observador. Y conclu­yen: «Se trata de un sujeto altamente peligroso [...]. Bajo circuns­tancias favorables podría cometer cualquier crimen violento y sádi­co. Odia a la sociedad y a las personas, con las que no se siente implicado más que de forma racional. Busca activamente reconoci­miento social».
Blanca Vázquez y Susana Esteban concluyen su estudio de 21 pá­ginas el 7 de octubre de 1994. Doce días después Juan José Carras­co Gómez y Ramón Núñez Parras, especialista en psiquiatría el pri­mero y médicos forenses ambos adscritos a los juzgados de la plaza de Castilla, presentan a petición de la juez otro estudio sobre Javier de 51 páginas. Ambos análisis, el de ellas y el de ellos, se habían efectuado de forma paralela a petición de la juez y de eso se queja­rían por escrito Carrasco y Núñez al entender que «los retests practi­cados en fechas cercanas pierden fiabilidad».
Unos y otras se encierran con el preso, visitan a sus familiares, analizan sus escritos y, al emitir sus dictámenes, se contradicen. Ca­rrasco y Núñez sostienen que cualquiera de las múltiples personali­dades de Javier «pueden tomar el control absoluto de la conducta». O sea, exento de penas.
Aunque también hacen reseñar los doctores que tanto su madre como su hermano mayor no habían observado antes del crimen nin­gún comportamiento en Javier sospechoso de tratamiento psiquiátrico. Ni alteraciones de memoria, ni manifestaciones de las distintas personalidades, ni soliloquios. Siempre fue muy estudioso, introver­tido y lector infatigable. Nunca pensaron que precisase de psicólogos, aunque una vez en la cárcel comenzaron a verle con trastornos serios en sus visitas.
En una de sus entrevistas los dos psiquiatras llegan a plantearse si Javier actúa en plan estratega, porque alguna vez les había ad­vertido que durante su estancia en prisión iba a resucitar a Wul, el estratega que estaba adormecido, para defenderse así de funciona­rios, médicos y otros presos.
Tras varias horas de entrevistas con el recluso y su familia, tras consultar las más de 1.000 páginas que Javier escribió sobre su jue­go, además de bibliografía y jurisprudencia sobre personalidad múltiple en Estados Unidos, Carrasco y Núñez concluyen que sus tras­tornos no están buscados conscientemente como coartada porque sería muy difícil de simular un cuadro clínico de tanta riqueza, ex­presividad y contenidos. Resumen: enajenación mental completa. En cuanto a las posibilidades de cura, «no existe ninguna cuya indica­ción sea garantía de una evolución favorable».
Sin embargo, Javier Saavedra, el abogado de la familia de la víc­tima, asesorado por psiquiatras especialistas en casos de múltiple personalidad, sostiene que Javier es un psicópata dueño de todos sus actos. «Si hubiera encontrado junto a la víctima a un guardia civil, un psicótico habría cometido el crimen igualmente, pero Javier Ro­sado, no: él discernía el peligro. El psicótico puede ver perturbados sus sentidos afectivos, pero no es frío como el psicópata.»
Carlos Fernández Junquito, médico psiquiatra del Hospital Ge­neral Penitenciario, vio a Javier como una persona con la afectivi­dad prácticamente abolida. «Cierto día, estando presente en la en­trevista la psicóloga de la Unidad, le dijo: "Puede usted quedarse, es como el teléfono".»
Pero el psiquiatra Fernández Junquito le diagnosticó el 18 de oc­tubre de 1994, en el informe más breve de los tres elaborados, es­quizofrenia paranoide, algo que desecharon otros doctores.
Para el letrado Saavedra, Javier Rosado no sólo está exento de cualquier tipo de esquizofrenia sino que se trata de un psicópata res­ponsable y consciente de todo lo que hizo: «El lenguaje del psicópa­ta es estructurado, racional y lógico, como el de Javier; los psicópatas_ son seres racionales, muy manipuladores, engañan mucho, ambicio­nan el poder y para ello se valen del lenguaje, mientras que el psi­cótico pasa del poder. En el momento en que lo cogieron no es un psicótico, aunque después haya desarrollado una psicosis».
Javier se consideró impotente ante los psiquiatras para saber si él había cometido el crimen. Aseguró que si intentara averiguarlo se podía declarar dentro de su cabeza una guerra civil entre las razas, como la que sufrió con 17 años: «Hubo una rebelión en COU que fue la guerra de los Maras... fue cuando tuve el desengaño amoroso, mi depresión, Mara contra Fasein». Para investigar sobre aquel cri­men dijo que tendría que atravesar pasillos de su cerebro muy peli­grosos, porque hay razas que no dejan pasar a nadie por allí.
El 22 de junio de 1994 Javier salió esposado de la cárcel de Val­demoro para que lo examinara en los calabozos de la plaza de Cas­tilla un forense. En el trayecto del furgón a la cárcel, un redactor de El País le preguntó:
–Javier, ¿te arrepientes de lo que has hecho?
–Yo no he hecho nada –contestó con la cabeza gacha para eludir las fotos–, yo no he hecho nada.
Uno de los guardias civiles que lo custodiaban le levantó la cabe­za agarrándolo por la nuca y le dijo:
– ¿Que no has hecho nada, cabrón?
En la cárcel, algunos presos mucho más fornidos que él le respe­tan y le temen por el halo de inteligencia que le ha otorgado la pren­sa y sus partidas de ajedrez.
Pero su compañero Félix fue a parar a un pabellón de adultos donde los otros presos, en un alarde de originalidad, lo han bautiza­do con el alias de Niño.
Los psiquiatras Carrasco Gómez y Núñez Parra señalan que a pe­sar de todo Félix seguía admirando a Javier y se mostraba interesa­do por lo nuevo que podía estar escribiendo su amigo en prisión sobre Razas. «Ahora seguro que utiliza la raza 17, Wul, y la 18, la serpiente de lengua bífida, que intenta convencer haciendo daño a otros, implicar a otros para salvarse él mismo ... y es posible que Fa­sein pueda cortarse los dedos, Fasein es el que se automutila, que aprende con el sufrimiento, que se va cortando los dedos y va apren­diendo ... »
Félix a veces también duda de su personalidad: «No estoy seguro de haberlo hecho... pero quizás no fuera yo en ese momento... esta­ba muy identificado con Javier... me he metido en un lío... [sollozos], de una broma de matar a alguien nunca pensé que fuera a suceder lo que sucedió».
Mientras esperaban la sentencia del juez, Javier seguía jugando a sus Razas, inventando alguna de ellas basada en la persona de un policía que le interrogó, y Félix se entretenía con poemas como este que escribió antes del crimen:
Quiero romper las cadenas de la muerte
y volar por estepas infinitas
con un caballo de alas marchitas
cantando con el grito de un demente.
Pasarán estaciones pequeñitas
en el ritmo incesante de mi mente
con mi amargo recuerdo tan caliente
soñarán las mujeres más bonitas.
Mas te recuerdo y en mi memoria gritas.
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2015.09.01 10:42 Raulisimo ¿Qué les pediréis a los Reyes Magos?

Si no queréis saber quienes son los reyes magos, no leáis esto.
Podemos es la rebelión controlada y acotada por el sistema. Una hábil maniobra para vaciar las calles de alborotadores y sofocar los brotes de insurgencia. Podemos no nacionalizará la banca, no pondrá fin a la monarquía, no acabará con los desahucios, no restablecerá la soberanía popular...
Hace unos meses, pensé que el PSOE, IU y Podemos podrían confluir en un tripartito, pero creo que me equivoqué. Es más probable un pacto entre el PP y el PSOE, que permitiría cumplir con el objetivo de un déficit estructural anual inferior al 0’5%. La insólita coalición acturía como pararrayos de la indignación ciudadana. Es posible que el PSOE no sobreviva a este pacto, reproduciendo al declive del PASOK, que en las últimas elecciones generales cosechó un raquítico 12% de votos y 33 escaños en el Parlamento griego.
Dado que mi predicción del tripartito ha sido parcialmente refutada por los acontecimientos, mis hipótesis de futuro no resultarán muy creíbles, pero me pregunto si Podemos no se convertirá en la fuerza política mayoritaria en un lejano 2019 o incluso antes. Podemos disfruta de una extenuante presencia mediática, lo cual invita a reflexionar. En un trabajo conjunto, Chomsky y Herman señalaron que la función esencial de los medios de comunicación de masas era “inculcar [en los ciudadanos] los valores, las creencias y los códigos de comportamiento que les integrarán en las estructuras establecidas de la sociedad”. Dicho en términos marxistas: los medios trabajan para que las ideas dominantes sean las ideas de las clases dominantes. “En un mundo marcado por la concentración de la riqueza e importantes conflictos de clase –apuntan Chomsky y Herman-, el cumplimiento de este papel requiere una propaganda sistemática. Dinero y poder tienen la posibilidad de filtrar las noticias que pueden ser impresas, marginar a los opositores y permitir al gobierno y a los intereses privados dominantes transmitir sus mensajes al público” (Manufacturing Consent, New York, 1988). Desde los años 80, los gigantes bancarios han comprado la mayoría de las acciones de los medios de comunicación. En 1945, ocho de cada diez diarios norteamericanos pertenecían a propietarios independientes.
En 1990, el 80% se hallaban en manos de grandes grupos empresariales y esa tendencia solo se ha agudizado desde entonces, destruyendo la libertad de prensa. Escribe el periodista belga Michel Collon: <>.
Los grandes grupos empresariales, con la mayoría de sus acciones en manos de la banca, controlan todo el circuito mediático: periódicos, editoriales, cadenas televisivas, cadenas de radio, librerías, distribuidoras, agencias publicitarias. Esa trama les permite influir en la opinión pública de un modo determinante, controlando la aparición de nuevas formaciones políticas y condicionando la intención de voto. De un modo más claro: fabrican el éxito político, editorial, cinematográfico, televisivo o musical y propician el fracaso y la marginación de lo que atenta contra sus intereses.
Las tertulias de La Sexta y Cuatro han prestado sus platós televisivos a la irresistible ascensión de Podemos, con Pablo Iglesias Turrión en el papel estelar, y Juan Carlos Monedero como ideólogo y estratega. Por otro lado, Público ha desplegado su alfombra roja en su diario digital y Público TV emite La Tuerka. No está de más señalar quiénes controlan estas plataformas mediáticas. Cuatro pertenece a Mediaset España Comunicación, una de las empresas que cotiza en el IBEX 35. Después de fundirse con el Grupo Antena 3, La Sexta pasó a manos de Atresmedia Corporación, que cotizó en el IBEX 35 hasta finales de 2007 y cuyo mayor accionista es el Grupo Planeta, presidido por José Manuel Lara Bosch. Jaume Roures Llop, propietario y fundador de Público, preside el grupo de comunicación Mediapro, que en 2006 se fusionó con el Grupo Globomedia (antes Grupo Árbol) y la multinacional de publicidad británica WPP. Surgió de este modo Imagina Media Audiovisual, el mayor holding empresarial español de la producción audiovisual. Imagina Media Audiovisual es accionista minoritaria Atresmedia Corporación. En este laberinto de acciones y diversificaciones, Jaume Roures desempeña el papel de taumaturgo. Roures se define como un catalanista de izquierdas. Su pasado como militante de la Liga Comunista Revolucionaria y sus estancias en la cárcel como opositor al franquismo, no le impidieron en enero de 2012 despedir a casi toda la plantilla de Público mediante la aplicación de dos ERE. En mayo de 2012, se subastó el rotativo. Una asociación de ex trabajadores y lectores participaron en la subasta, pero no pudieron competir con Roures, que recuperó el cabecero. Los frustrados ex trabajadores y socios fundaron una cooperativa para crear el diario digital MásPúblico, que en diciembre de 2012 se convirtió en la revista mensual en papel La Marea, donde Podemos también disfruta de barra libre. ¿La sombra de Roures es alargada o el encanto de Pablo Iglesias Turrión irresistible?
Se ha dicho que el objetivo oculto de Podemos era restar votos a IU y que Izquierda Anticapitalista ejercía de matriz fundacional. De hecho, Esther Vivas y Miguel Urbán escriben en Público. Urbán pidió “Todo el poder para los círculos” en un conocido artículo, pero con el tiempo ese lema se ha convertido en un boomerang, pues Podemos se construye desde arriba, con un gran apoyo mediático. Esa circunstancia explica su oposición a que los círculos presenten delegados en las asambleas, con la posibilidad de establecer acuerdos vinculantes. Juan Carlos Monedero ha dicho que “los círculos no son democráticos”, pero en realidad nada puede ser menos democrático que convocar una elección por internet con un margen de seis días y una lista cerrada encabezada por Pablo Iglesias. Esa maniobra representa la liquidación del modelo asambleario, explotado hasta ahora para rentabilizar el 15-M y captar los votos de los indignados. Podemos habla contra la casta, pero su cúpula obra como una casta y se suma al PSOE para desmarcarse de los que piden un referéndum que permita elegir entre monarquía y república. No son de “derechas ni izquierdas”. Son “los de abajo”, pero actúan como una elite que ignora a las bases.
Pablo Iglesias adquirió notoriedad, mostrándose partidario de salir del euro, no pagar la deuda ilegítima, abandonar la OTAN, reconocer el derecho de autodeterminación, nacionalizar la banca, proteger los derechos de los trabajadores y frenar los desahucios, pero ahora es incapaz de manifestarse claramente a favor de la república o de pisar la calle para apoyar la Marchas de la Dignidad del 22-M. Si alguien menciona a Chávez, Iglesias sella sus labios y espera que pase el mal trago, sin defender la revolución bolivariana, pese a que en el pasado afirmaba que “lo ocurrido en Venezuela es una referencia fundamental para los ciudadanos del Sur de Europa”. En esa época, Pablo Iglesias no escatimaba elogios al desaparecido Hugo Chávez: “Se le echa mucho de menos. ¡Cuántas verdades nos ha dicho este hombre!” […] No permitamos que se ridiculice o caricaturice lo que pasa en América Latina, cuando América Latina puede ser una alternativa”. En la campaña de las elecciones europeas, el recuerdo del Comandante Chávez se quedó en un armario, casi como un pasquín revolucionario que no desea ser aireado.
Dicen que Podemos inquieta al club Bilderberg, pues pretende nacionalizar el IBEX-35, pero Mediaset Comunicación España, que cotiza en el IBEX-35, no deja de concederle minutos en Las Mañanas de la Cuatro. No se puede acusar a Podemos de incumplir sus promesas, pues aún no ha gobernado, pero la historia reciente de España está llena de promesas incumplidas y nos hace desconfiar de los políticos. Felipe González prometió salir de la OTAN, pero cuando al fin convocó el anhelado referéndum el 12 de marzo de 1986, hizo campaña a favor de la permanencia en una alianza militar que invade y bombardea países con el pretexto de defender la democracia y la libertad, si bien nadie ignora que sus motivaciones no son nada humanitarias. Los que nacimos a principios de los 60 aún recordamos los tres puntos del manipulado referéndum: “1. La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada. 2. Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español. 3. Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España. ¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?” El “no” triunfó en Catalunya, Euskal Herria, y la provincia de Las Palmas en Gran Canaria. ¿Qué sucedió después? En 1997, España se incorporó a la estructura militar de la OTAN. Poco después, se introdujo una cláusula por la que Estados Unidos puede instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español, previa autorización del Gobierno de España. Fueron medidas del gobierno de José María Aznar, que no despertaron las protestas del PSOE. No es extraño, pues desde 1986 no ha cesado de crecer la presencia militar de Estados Unidos en España, incumpliendo el compromiso adquirido con el pueblo español en el referéndum.
No cuestiono la honestidad de Pablo Iglesias Turrión o Juan Carlos Monedero, pero creo que han perdido el control de su iniciativa. Son los rehenes de un montaje hábilmente urdido por el poder económico. Podemos es la rebelión controlada y acotada por el sistema. Una hábil maniobra para vaciar las calles de alborotadores y sofocar los brotes de insurgencia. Podemos no nacionalizará la banca, no pondrá fin a la monarquía, no acabará con los desahucios, no restablecerá la soberanía popular frente al poder de los mercados, no abandonará la OTAN. No lo hará porque sencillamente no podrá. El poder económico y militar jamás lo consentiría. Sería tentador retratar a Pablo Iglesias y Monedero como dos canallas sin escrúpulos que pactan con la oligarquía para asegurar una jubilación dorada, gracias a la famosa puerta giratoria. Sin embargo, no creo que esa imagen se corresponda con la realidad. Ni siquiera creo que se pueda aplicar a Felipe González. La realidad a veces se parece al vodevil, pero en este caso el fenómeno es más complejo. Pienso que Felipe González realmente creía en la necesidad de un cambio impulsado por un socialismo democrático y que Podemos realmente desea acabar con la dictadura de la Troika y los mercados de capitales, pero el sistema es un parásito que actúa como el terrorífico alienígena de Ridley Scott. Se apodera de todos los que juegan con sus reglas. No lo hace de una forma invasiva, sino poco a poco, de forma silenciosa e inadvertida. Nunca me he movido en el terreno de la política. Así que pondré el ejemplo de la enseñanza. Después de quince años en las aulas de diferentes institutos de la Comunidad de Madrid, he sido testigo de los cambios que se operaban en mis compañeros. Algunos comenzaban su carrera docente llenos de idealismo, intentando cambiar el sistema desde dentro, pero después de dos o tres cursos, el sistema les había cambiado a ellos. Al cabo de un tiempo, su identificación con el sistema era tan acentuada que se convertían en fieles ejecutores de una pedagogía basada en la selección, la confrontación y la exclusión. Pocos eran conscientes de ese proceso y los que sí lo eran explicaban su evolución como simple madurez. Creo que sucede algo semejante en la política. Pese a todo, no quiero finalizar el artículo con un tono sombrío y desesperanzador. Hay alternativas, pero se encuentran fuera del sistema y solo pueden articularse desde espacios libres y autogestionados, comprometidos con el activismo de calle, el decrecimiento y la solidaridad de clase. No es posible derrotar al Estado, pero sí crear una sociedad que restablezca los lazos comunitarios, transformando lo marginal y excéntrico en una forma de acción colectiva. Entiendo que cuestionar una ilusión produce tanta ira como revelar la verdadera identidad de los Reyes Magos, pero no se escribe para que te quieran más, sino para asumir un riesgo y averiguar la verdad.
http://www.grupotortuga.com/Podemos-Es-posible-cambiar-el
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